Un silencio diferente


Emmanuelle Laborit. El grito de la gaviota (Seix barral)


Mi silencio no es vuestro silencio. Mi silencio sería más bien tener los ojos cerrados, las manos paralizadas, el cuerpo insensible, la piel inerte. Un silencio del cuerpo.”

La mayoría de la gente cree que la lengua de signos que usan las personas sordas es universal, es una sola lengua idéntica para todos los sordos del mundo. Es una idea errónea compartida por aquellos que no saben nada o casi nada de las personas sordas, de la comunidad sorda. Es un prejuicio.

Hay pocos libros escritos por personas sordas. Oliver Sacks, el gran escritor y neurólogo, escribió un ensayo magistral sobre la historia y la situación de la comunidad sorda en el mundo. Se dio cuenta de su gran desconocimiento sobre estas personas y de la enorme riqueza de su lengua y su cultura y se propuso conocerlas a fondo, como solía hacer. El resultado de su investigación, brillantemente expuesto, es su libro Veo una voz.

El grito de la gaviota es una extraordinaria visita al mundo de los sordos de la mano de una guía “nativa” por así decir. Emmanuelle Laborit es una actriz sorda francesa que con 20 años fue galardonada con el Premio Moliére de teatro a la actriz revelación (1993). Era la primera persona sorda en recibir este premio en toda la historia. Su libro son las memorias de su vida hasta ese momento.

De su infancia, describe la incomunicación, la extrañeza ante la lengua oral, la frustración (“los conceptos más sencillos eran aún más misteriosos. Ayer, mañana, hoy....”), el estado de shock de sus padres ante la noticia, la comunicación que ella llama “umbilical” con su madre y sus recuerdos puramente visuales, sin orden cronológico. En esta etapa, muchas de sus vivencias y el modo en que las expresa guardan gran similitud con las descritas por Hellen Keller en su autobiografía La historia de mi vida (escrita también cuando era muy joven). Hellen Keller fue una niña sordociega que gracias a su maestra, Anne Sullivan, llegó a ser la primera persona sorda en obtener un título universitario en Estados Unidos. La película El milagro de Anne Sullivan (The miracle worker, 1962) recrea los primeros momentos del encuentro con su profesora y su descubrimiento del lenguaje.

Más adelante, el contacto de Emmanuelle, a partir de los 7 años, con la lengua de signos, que hasta entonces nadie le había enseñado, le abre todo un nuevo mundo de comprensión y comunicación (“encontrar el mundo de los sordos es un alivio.....los signos que vuelan, que dicen sin esfuerzo....Comunicación suave”).

En su adolescencia brotará como rebeldía toda su rabia ante la falta de comunicación, ante la discriminación, su inconformismo ante un mundo de oyentes y para oyentes. Emmanuelle encauzará su rebeldía a través del teatro y convertirá su gran capacidad comunicativa en una lucha permanente por el reconocimiento de la lengua de signos como patrimonio y como derecho de las personas sordas. Luchará para que se entienda la diferencia como riqueza.


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