La mordaza y la esperanza

 


Tillie Olsen. Silencios (Las afueras)


¿O quizás hubo otras demandas, otras responsabilidades que anteponer a la escritura?”


Da alegría que una obra como esta de Tillie Olsen haya sido editada por fin en español y al mismo tiempo da rabia que hayan pasado sesenta años desde que la autora pronunciara las palabras de Silencios y cincuenta desde las de Una de doce y lo que en estos dos textos se trasmite siga tan vigente. Ojalá las injusticias, los vacíos que Olsen expone en estos escritos pertenecieran ya exclusivamente al pasado. Pero ni por asomo. Y por este motivo, por su rabiosa actualidad a pesar de la fecha en la que fue concebido, leer Silencios produce una mezcla de entusiasmo y desasosiego.

En el primero de los textos, la autora ensaya un argumentario en torno a los efectos devastadores del trabajo asalariado y de cuidados para la creación literaria. Utilizando su propia experiencia como madre de cuatro hijas, describe la falta de tiempo y calma como mermas implacables de la concentración y la creatividad.


Muy poco se ha escrito acerca de los daños de inculcar una preocupación constante por la propia apariencia, una necesidad constante de agradar y apoyar; de educar en la aceptación de lo ajeno y el aplazamiento de lo propio.”


Arañando ratos al sueño, escribiendo en el autobús de camino al trabajo, en momentos robados a las interminables tareas domésticas, la escritora alcanza apenas a mantener en vilo esa escritura que hierve en su interior y que el peso de la cotidianidad sofoca a cada paso contra su voluntad. Como nos recuerda Marta Sanz en el prólogo de esta edición, lo autobiográfico es el germen de un ensayo donde lo personal es político – un proceso habitual en la historia del pensamiento feminista.

En el otro texto que compone este librito, Una de doce, Olsen parece continuar su análisis focalizando su mirada en las mujeres escritoras y su falta de reconocimiento generalizada en forma de menor número de libros publicados, menos premios, menor presencia en los programas escolares y universitarios, antologías, etc. Constata la autora una incompatibilidad entre feminidad y escritura. De entre las que lo lograron, muchas no se casaron. De entre las que sí se casaron, muchas no tuvieron hijos. Tener que escoger entre familia y creación no es libre elección sino opresión sexista, dice Olsen. Porque incluso aquellas que lo logran – a pesar de las losas de la crianza, la culpa y la inseguridad aprendida – serán luego juzgadas como escritoras menores, los temas “de mujeres” desvalorizados. La mordaza asume múltiples formas y no se agota.


...pues yo misma he llegado casi a enmudecer, y he tenido que dejar morir la escritura que llevaba dentro una y otra vez.”


Por un lado es refrescante escuchar verdades evidentes como que las condiciones materiales y sociales provocadas por la clase, la raza o el sexo al que se pertenece determinan de manera radical las posibilidades creadoras de escritores y escritoras. Por ese lado, las preguntas que Olsen lanza a una audiencia atemporal siguen siendo pertinentes y tienen un aire de optimismo, de crítica constructiva, de análisis esperanzador: ¿de dónde proceden los silencios que se dan en la literatura?, ¿quién pudo haber escrito y no lo consiguió?, ¿quién escribió pero no llegó a ver su obra  publicada?, ¿qué ocurrió con quienes publicaron un solo libro y nunca más se supo?

Por otro lado, sin embargo, duele comprobar que lo que dice Tillie Olsen en 1962 y 1971, un desarrollo de mayor amplitud social que lo que ya había dicho Virginia Woolf en Una habitación propia, continuará inalterado una década después cuando Joanna Russ escriba Cómo acabar con la escritura de las mujeres y continúe siendo real hoy mismo, medio siglo después. Por este otro lado, desgarrador, la mordaza persiste haciendo callar de hecho a quienes, aunque lleguen a escribir, nunca pertenecerán al canon.


Hay tantas cosas que nunca se han escrito y necesitan escribirse...”


Pero el tono de su discurso es de esperanza. Sus palabras pretenden ser de aliento. Se dirige a las profesoras. “Leed a escritoras”, nos dice, “enseñad las vidas de las mujeres a través de aquellas que escribieron libros”. Los listados de autores y autoras del siglo XIX y especialmente los de escritoras del siglo XX hacen al texto brillar con el vértigo histórico de quien está tomado impulso para dar un gran salto, para marcar una diferencia e impugnar un canon estrecho, tacaño y corto de miras. La fuerza de la voz de Olsen procede de su anhelo en sacar a flote lo que todavía no se ha dicho, aquello que sin mordazas se podría escribir, leer, escuchar.

Silencios es uno de esos libros breves e intensos que permite y requiere leer y releer. Como una poza de agua fresca a la sombra en un caudaloso río, su pequeño tamaño, acogedor, invita a un baño placentero pero, como la buena filosofía, su profundidad puede llegar a ser inquietante. Y debe serlo.  






Tillie Olsen (Nebraska, 1912- California, 2007) fue una escritora norteamericana. Una de sus obras más célebres es la colección de relatos Tell me a riddle (1961), publicada en español por la editorial Las afueras (Dime una adivinanza, 2020). Silencios fue publicada originalmente en el año 1978. En 1994 fue galardonada con el Rea Award for the Short Story.



Comentarios

  1. Buenísimo tu blog Julia , enhorabuena . Admiro a Tillie Olsen

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  2. Muchas gracias!! Agradezco los comentarios. Un saludo

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  3. Gracias por amplificar la voz de muchas mujeres como Tillie Olsen.

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